Homilía 27 domingo TO_A
Érase una vez un Dios que amaba extremada y desmesuradamente a su pueblo. Érase una vez una historia de amor no correspondida, y érase, también, el empeño incansable de Dios por establecer ese vínculo de amor, y buscar caminos para ello sin descanso. La parábola puede condensar la historia de la humanidad, el relato de ese empeño divino de amor, y la historia de la constante huida de la humanidad en busca de otros “amores”. Puede condensar la historia de la Iglesia, y también la de nuestra propia comunidad. La última y definitiva apuesta de Dios por vincular al amor nuestra vida es el envío de su propio Hijo. Dios sigue optando por recurrir al amor. Dios no desiste de su empeño de cuidar la viña, tantas veces estéril, para que dé fruto, aunque eso suponga tener que confiar la viña a otros viñadores distintos. La parábola es un juicio de nuestra misión eclesial. Y una reivindicación de la humanidad descartada por este mundo. Leamos la parábola desde nuestro contexto actual...