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Homilía 2º domingo de Cuaresma
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Pobres! No podemos refugiarnos continuamente en la montaña, aunque todos necesitamos nuestro Tabor . Necesitamos esos momentos de transfiguración , deslumbrantes, que nos ayudan a ganar en altura, en perspectiva; que nos permiten otear el horizonte y atisbar el final feliz de nuestro camino. Pero, ojo, que la luz deslumbrante precisamente puede hacer eso: deslumbrar, cegar, impedir que veamos la realidad y terminemos confundiendo la transfiguración con la realidad cotidiana, de modo que cuando toca volver a ella nos sentimos desencantados. Necesitamos momentos de transfiguración, pero no podemos quedarnos instalados en ellos, porque entonces nos desconectamos de la realidad. El reto al que nos enfrentamos es descubrir esos rastros de vida transfigurada en lo cotidiano de la existencia, para que iluminen nuestro camino. Camino a Jerusalén, hacia el conflicto, Jesús ha anunciado su destino trágico a los discípulos y les ha invitado a renovar su seguimiento, pero los discípulos sigue...