Otros dos. Esta vez en Sevilla.

Ayer un obrero muerto en el club Zaudín, podando un árbol. Hoy, otro atropellado en Dos Hermanas mientras trabajaba en una zanja, por una mujer que conducía bebida. Y diecisiete personas concentradas en la puerta del Ayuntamiento, tan solo.
Sigo convencido de que la asistencia y la noticia serían distintas en otro tipo de muertes. Y es que la vida de un obrero -que decía Cardjin- que era más preciosa que el oro, no debe ser tan preciosa en esta sociedad nuestra, donde rápidamente reponemos lo que se rompe, porque nada apreciamos.
Señor Jesús... Que los obreros muertos en el campo de honor del trabajo y de la lucha, descansen en paz.

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