Nunca es tarde. Reflexión de Pagola para la Cuaresma
No nos gusta hablar de conversión. Casi instintivamente pensamos en algo triste, penoso, muy unido a la penitencia, la mortificación y el ascetismo. Un esfuerzo casi imposible para el que no nos sentimos ya con humor ni con fuerzas. Sin embargo, si nos detenemos ante el mensaje de Jesús, escuchamos, antes que nada, una llamada alentadora para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida. La conversión de la que habla Jesús no es algo forzado. Es un cambio que va creciendo en nosotros a medida que vamos cayendo en la cuenta de que Dios es alguien que quiere hacer nuestra vida más humana y feliz. Porque convertirse no es, antes que nada, intentar hacerlo todo mejor, sino sabernos encontrar por ese Dios que nos quiere mejores y más humanos. No se trata solo de “hacerse buena persona”, sino de volver a aquel que es bueno con nosotros. Por eso, la conversión no es algo triste, sino el descubrimiento de la verdadera a...
En muchos lugares del mundo, incluso en los se catalogan como desarrollados, existen historias que tienen un cariz semejante al de Nasija y todo esto en pleno siglo XXI. El tiempo avanza pero la barbarie también.
ResponderEliminarAlgunas personas, hombres, mujeres o niños, se encuentran con su torturador al descubrir a sus parejas, pero otras simplemente por haber nacido en un país determinado o en un medio totalmente hostil a la naturaleza humana.
¿Qué han hecho para merecer eso? NADA. ¿Qué sentido tiene entonces que esas personas tengan que vivir condenadas a la crueldad, sin posibilidad de escapar de ella?