Grano de pus

La crisis financiera global en que estamos instalados no ha hecho más que explotar, como un grano lleno de pus, lo que supone que nos queda pasar una etapa posterior de apretar, sacar la porquería, y esperar que podamos sanear la carne y curar. Eso siempre conlleva dolor. Pero sobre todo para quien padece el absceso, no tanto para los microbios causantes, que ya sabemos que ni sienten ni padecen.

Vendrán días largos en nuestros barrios –ya lo están siendo- en que las familias se verán golpeadas por las consecuencias de esta crisis, que generan unos y pagamos los demás.
Pero, al igual que el grano de pus pone de manifiesto que no había unas condiciones previas de salubridad e higiene adecuadas, que hubieran podido evitar la infección, esta crisis pone de manifiesto la absoluta y connatural deshumanización del sistema económico y financiero.

Esta no es una crisis económica: hay recursos de sobra para salir al paso, como se está contemplando. Es una crisis moral, es la quiebra de todos los principios, y la demostración de que el capitalismo especulativo puede hundir al capitalismo tradicional, basado en la conjunción entre capital y trabajo, para dejar paso a la mera codicia como normal "moral" de las relaciones económicas.
La crisis ha sido especulativa, provocada por especuladores, por quienes compran y venden humo animados por el ingobernable deseo de tener más y más, para seguir teniendo. El dinero no tiene que ver con la tierra, con el trabajo, con los bienes, con la producción... Solo consigo mismo en una ruleta rusa infernal. Esa es la primera manifestación.
La segunda es aún más inhumana y terrible. Es la demostración del egoísmo y la insolidaridad radical en que se ha instalado nuestro mundo, tanto que hemos aprendido a convivir con las víctimas sin inmutarnos. Los gobiernos de EE.UU, de la UE y de otros grandes países han puesto sobre la mesa ingentes cantidades de dinero para salvar sus bancos. Cifras impronunciables para la gente de a pie. Lo han hecho sin sonrojarse. Pese a que con una ínfima parte de lo que han gastado en la salvación de bancos y especuladores, podrían haber terminado con la pobreza y el hambre en el mundo, no una sino varias veces.
Y lo terrible es que nos parece bien; nos parece que había que hacerlo, que había que salvar a los bancos, pero ¿Quién salva a las personas? No se nos cae la cara de vergüenza.Y se nos seguirá llenando la boca con la Cooperación Internacional, con las Ayudas al Desarrollo, con las ONG –cada día más- que somos capaces de crear y subvencionar... con el 0,7, con los objetivos del milenio y con las (.....) en vinagre.

Esto no tiene salida. No tiene la salida que se pretende para que todo siga igual. No se pueden criar fieras esperando que cuando crezcan sean suaves peluches. Cuando crecen atacan, muerden y matan. Y solo con una conversión radical de este sistema podremos encontrar futuro y esperanza. No empeñarse en ella es encaminarse a la perdición sin remedio que, antes o después, llegará.
¿Necesitamos más pruebas?
La Iglesia debe repensarse muy en serio, a la luz del Evangelio y de la DSI, donde tiene que estar, cómo tiene que estar, con quién ha de estar, y cómo debe revitalizar la tradición profética, siendo voz de los que no tienen voz:
"¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país! Así ha jurado a mis oídos Yahveh Sebaot: «¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores!" (Isaías 5, 8-9)

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