En el lecho del dolor

La conjunción de los fríos repentinos y húmedos con la espondilitis que hace años me acompaña, y seguramente, dirán mis cercanos, la acumulada falta de un ejercicio adecuado -impedido por la imposibilidad de estirar más las horas del día- añadido todo ello, dicen los más interesados en el matiz, a la antigüedad del carné de identidad, me tienen postrado en el lecho -ora cama, ora sofá, ora sillón con escabel- del dolor muscular y óseo, y nutrido a base de antiinflamatorios que horadan el estómago con ávida intención de irritarlo.
Las "bajas" nunca vienen mal si la recuperación va asociada a playas en verano o a bosques umbríos y alejados en invierno, lo cual, obviamente, no es mi caso. Las bajas nunca vienen mal, si el período de convalecencia y curación permite el distanciamiento absoluto de los quehaceres, lo cual, aunque sí en gran medida, tampoco es mi caso. Uno anda pensando (las bajas es lo que tienen: tiempo por delante para pensar) en el follón de la vuelta al trabajo y la parroquia. Porque las tareas -malacostumbradas- no suelen hacerse en ausencia de uno, así que a la vuelta habrá sobrecarga asegurada.
Es verdad que no somos imprescindibles. Pero a veces se nos acumula la carga como si lo fuésemos, aunque los lomos soporten menos carga cada vez.
En fin, que aquí andamos, saboreando la debilidad y, al menos, con una ventaja... ¡hoy no me he tenido que afeitar!

Comentarios

  1. ¡Qué penita más gorda me das!
    ¡Cómo que se me han saltado las lágrimas al leer "el libro de las lamentaciones", y me duele todo el cuerpo de pensar lo mal que lo tienes que estar pasando...!
    ¡Con lo bien que sienta madrugar con el frío, y tú pobrecito en casa, arropado, sin poder hacer nada, sólo viendo la televisión y leyendo de vez en cuando...!
    ¡Mas paciencia "que santo Job", tendrás!
    En fin, tú por quejarte no lo hagas "canino", que tú sabes que siempre tendrás un hombro amigo donde desahogar tus penas.
    ¡Que te mejores!

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  2. la televisión no se enciende a pesar del dolor. Que lo sepas...

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  3. Lo siento, Fernando. Una también sabe lo que son Dolores...¡hasta en el nombre!.... pero esa es la vida.
    Yo soy más vieja que tú, y además mujer... por lo que es natural que me duelan los huesos (eso dicen al menos)
    ¡Espero y deseo que te mejores pronto!
    Una ex-parroquiana

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