Quejas

Algunos seguidores del blog han venido manifestando su queja contra mis quejas prevacacionales. Se quejaban con la esperanza de que, a mi regreso, yo no lo hiciese más y, así, dejásemos el quejido aparcado por un tiempo. Vaya por delante que mis quejas son más epidérmicas que profundas. Nunca mis quejas son esencialmente vitales cuando se refieren a mí mismo. Yo tengo poco de qué quejarme y mucho que disfrutar, vivir y agradecer.
Pero la queja alimenta la esperanza como signo de la insatisfacción que requiere ponerse en camino, en búsqueda, sin quedarse anclado al hic et nunc de la existencia cotidiana. Por eso la queja es petición de aire, es solicitud de calzado para caminar, es mochila que se abre para preparar el camino, es colirio que despeja la mirada para advertir lo que la marcha depara o, incluso, mano tendida para hacer cordada.
¡Qué sería de nosotros sin quejas! Gracias a las quejas de mis seguidores, se abren horizontes en estas entradas. Gracias a las mías, aliento esperanzas cada mañana que luego comparto.
Así pues, pongámonos de acuerdo:
Sus quejas y mis quejas,
-las mías y las suyas-,
harán camino unidas;
pero siempre irán
tomadas de la mano,
caminando hacia el mañana
Así pues ¿de qué se queja?

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