Alicia y sus maravillas

Esta mañana la edición digital de El País, ha ofrecido un espectáculo bochornoso en cuanto a decencia periodística, eso que suele asociarse a la independencia con que otrora subtitulaba su cabecera, hoy reconvertida en "el periódico global"-que debe significar que le cabe ""-, y al parecer perdida en el camino (bueno eso ya se sabía, no es novedad). La novedad ha sido cómo ha conseguido la transformación de una noticia que comenzaba señalando el aumento del paro registrado, (más de 80.000 nuevos parados) en un jolgorio porque los afiliados a la seguridad social habían subido (20.000 cotizantes ...¡yupi!), para terminar esta tarde siendo la proclamación de la esperanza del repunte sostenido de la contratación a partir de otoño.
Una cosa vergonzosa, a tenor de los comentarios que la noticia ha ido recopilando desde tempranas horas, y que no diría yo que no están en la base de tan completa metamorfosis defensiva como ésta de la que ha hecho gala el otrora independiente medio.
Pero es que, esta tarde ya nos ofrece motivos para el cambio, y entonces se entiende la euforia: claro que repuntará la contratación; se va a legalizar la esclavitud, al parecer, porque la CEOE, para completar el día, propone un contrato precario para los jóvenes, de entre seis mese y un año, sin desempleo, y sin cotización empresarial. Y dice el secretario general de CEPYME que no hay una cultura empresarial de la temporalidad.
No hay duda: hoy no he leído el País, sino Alicia en su País de las maravillas. Lo malo es que siguiendo esta tónica las maravillas, terminan transformándose en pesadillas.
Donde no hay vergüenza, decía mi abuelo, ni la hubo, ni la habrá. Que se la repartan...

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