La mesa fraterna del Corpus Christi

Digo yo que si la Eucaristía es mesa fraterna que nos hermana, que nos hace a todos discípulos sin distinción, convocados por un mismo y solo Señor, que anticipa el Reino por cumplirse, que reconcilia y acoge; si es don gratuito del mismo Dios comunión que nos convoca a la comunión, si es gesto de entrega y servicio, si es don de vida, a qué esas homilías que comienzan desgranando con humanos criterios la lista de autoridades civiles, militares y eclesiásticas presentes para que se sepa que están allí, para ser reconocidos en su dignidad del "mundo". ¿A qué? ¿Qué tiene que ver con la Eucaristía y el Evangelio la prelación de honores. ¡Cuantas tonterías terminamos haciendo cuando se olvida lo esencial! Y, al final, qué poco tiene que ver con la Eucaristía, ese teatro del mundo. Si hay alguien con dignidad suficiente para ser llevado al primer lugar del banquete, y lo recuerda el Evangelio, son los pobres, no los poderosos, ni los políticos, ni los importantes... Si alguien necesita mucho título para ser reconocido, y no le es bastante el de hermano, sobra en nuestras celebraciones.

Comentarios

  1. Rotundamente de acuerdo. No es cosa de enseñorear a los pobres tampoco, pero los acogidos por Cáritas y esos que habitan sus noches de intemperie en el talud del paseo Juan Carlos I con el Guadalquivir, esos recogidos en instituciones de beneficencia como el Centro Amigo, Casa Nazaret... esos son los que debieran desfilar junto al Santísimo, sus amigos, los que nos han sido encargados.
    Me parece bochornoso que hayan vitoreado las masas a los ediles elector que formaban en el cortejo, aunque hayan hecho un gesto de poner el Crucifico en el despacho. La Cruz debe presidir las gestiones y el amor a los más desfavorecidos, pero no servirse de ella para gesticular.
    ¡Dios le bendiga!

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