Ley de Lynch

En dos entradas anteriores en este blog, "De jueces y masas" y "De jueces y masas (2)" hice alguna reflexión sobre el tremendo riesgo que se cierne en determinadas situaciones con propuestas alegales y amorales, al margen de cualquier sistema moral o penal, ante determinados delitos horrendos. Hoy he de reafirmarme en ello, por el intolerable tratamiento informativo que ABC hace en su edición digital, y en la portada de su edición en papel respecto a la noticia de que informes forenses parecen concluir que restos óseso hallados son humanos, y pueden ser de niños. ABC ante esa información concluye directamente que son de los dos niños presuntamente asesinados, y concluye que el padre es el autor. Algo que ha logrado sin pruebas, sin juicio, sin juez, sin jurado, y sin ley.

Con independencia de la realidad de los hechos, absolutamente execrables en sí, del juicio moral de que el mismo debe ser objeto, y del castigo que ha de recaer en sus autores, es inadmisible que un medio de comunicación, en el marco de un Estado de Derecho, haga esas afirmaciones conducentes a crear un estadio de opinión que solo conduce al linchamiento público -y veremos si físico- de nadie. ABC ha saltado -una vez más- los límites jurídicos que garantizan un sistema judicial que evita la arbitariedad y que nos sitúa a todos ante la ley en plano de igualdad. Es garantía de mis propios derechos. Para ABC la Constitución es un simple estorbo, parece ser.
Parece que echan de menos juicios sumarísimos, paredones y otras zarandajas a las que se asistía con camisas pardas o azules.
El amarillismo informativo, demagógico, y no veraz, traspasa cualquier código ético. Supongo que, avergonzados, pedirán perdón por esa manera de "informar" en breves momentos. A lo mejor queda alguien con un poco de sensatez en ese medio.

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