No tengo fuerzas para rendirme


Cuenta un chascarrillo que circula por la red, que la diferencia entre la puerta de la consulta de un psicólogo y un psiquiatra, es que en la de aquel debe figurar un letrero que diga "Toque la puerta antes de entrar", y en la de éste uno que ponga: "Toque fondo antes de entrar". Cabe, a juzgar por la foto una tercera opción: la de carecer de fuerzas para reconocer la situación, por haber traspasado el fondo. Pero también se puede leer en clave positiva: Han llegado a ponernos tan al límite que la rendición no es una opción.

Rendirnos sería negarnos a nosotros mismos, admitir que somos "recursos humanos", mercancía de intercambio; requeriría un esfuerzo de ir contra nosotros mismos tan antinatural, tan forzado, que no estamos dispuestos a realizar ese desperdicio inútil de la energía que nos queda; rendirnos supondría renunciar a los últimos resquicios de humanidad en los que podemos resguardarnos de la intemperie; rendirnos supondría reconocer la fuerza invencible del mal de nuestro mundo y renunciar, siquiera, a pensar que otro mundo es posible. Por eso, al contrario, la fuerza que nos queda la vamos a emplear en sostenernos, en afianzar y apuntalar convicciones, en alumbrar esperanzas, en abrir caminos de humanidad. No estamos dispuestos a aceptar que esta realidad es la única posible. Confiamos en otro proyecto de humanización, que podemos ir generando entre todos. Por eso la rendición no es una opción. Para un cristiano, no.

Al pie de la cruz no cabe la rendición, sino la confiada espera de la resurrección. Cabe la siembra, no la muerte.


Entradas populares