Querida vecina: en este día más que primaveral, en medio del invierno, como bien recoge nuestro amigo Forges , y haciendo uso del catarro que la viñeta trae asociado inevitablemente y yo sufro, tengo que continuar la charla mensafónica interrumpida por las horas esdrújulas, como dice Manolo, para trasladarte en mi calidad de abuelo algunas reflexiones para tu buen gobierno, ya que la inexperiencia de tu mocedad puede hacerte caer en errores vitales que, consejos buenos, te pueden evitar. Ya ves, licencias que uno se puede permitir por aquello de la edad. Espero que los recibirás como un regalo, pues con ese ánimo van, y que sabrás atesorarlos para que cuando, transcurrido el tiempo, llegues a mis años, puedas sentir que los has vivido con provecho, y sobre todo que quieres vivir aún más. Como verás, hacemos caso, y los mayores cuidamos de los pequeños. El primero es que aprendas de ellos; de tus mayores. Aprender no es copiar. Porque algunas cosas mejor no repetirlas. Aprender es llen...
Ainnsss... con lo bien que empezó... pero al final, el jazz siempre es el jazz...
ResponderEliminar¡Qué diálogo tan precioso el que mantiene el piano con el contrabajo y la batería! Por cierto, como somos muy dados a fijarnos en las apariencias, nadie diría a primera vista que el pianista fuera capaz de sacarle al piano esas notas tan maravillosas, pero aquí está la evidencia para demostrarnos nuestro error cada vez que juzgamos o prejuzgamos. Precioso regalo, Fernando. Muchas gracias. Espero que a Mª Carmen le acabe gustando esta música. ¿Sabes, Mª Carmen, que la música es como la fe, que entra por el oído? El que tenga oídos para oír, que oiga. Un beso.
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