Querida vecina: en este día más que primaveral, en medio del invierno, como bien recoge nuestro amigo Forges , y haciendo uso del catarro que la viñeta trae asociado inevitablemente y yo sufro, tengo que continuar la charla mensafónica interrumpida por las horas esdrújulas, como dice Manolo, para trasladarte en mi calidad de abuelo algunas reflexiones para tu buen gobierno, ya que la inexperiencia de tu mocedad puede hacerte caer en errores vitales que, consejos buenos, te pueden evitar. Ya ves, licencias que uno se puede permitir por aquello de la edad. Espero que los recibirás como un regalo, pues con ese ánimo van, y que sabrás atesorarlos para que cuando, transcurrido el tiempo, llegues a mis años, puedas sentir que los has vivido con provecho, y sobre todo que quieres vivir aún más. Como verás, hacemos caso, y los mayores cuidamos de los pequeños. El primero es que aprendas de ellos; de tus mayores. Aprender no es copiar. Porque algunas cosas mejor no repetirlas. Aprender es llen...
Señor, me rinde el sueño, pero quiero que mi último pensamiento del día sea para ti y que enlace con el primero tras un sueño reparador. Te doy gracias por todo el día de hoy, con lo bueno y lo malo, lo agradable y lo que me hizo rectificar. Te doy gracias por estos tres días de dolor, esos se se hacen notar todavía más cuando se alivia o desaparece. Ayúdame, Señor, a decirte siempre sí.
ResponderEliminarGracias, Fernando, por esta invitación que me ha venido dada.