La tarde va cayendo

El sol invita a buscar frescor en la sombra, aunque se agradece la luz de la tarde. Luz de vida. El canto de los pájaros, que empiezan a revolotear entre las hierbas frescas del jardín, pone la melodía a la escenografía que aromatizan el azahar y la celinda. La tarde va cayendo despacio, como si no quisiera dejarse ningún resto atrás. La luz va barriendo el cristal de la ventana y se despide de la habitación. Va dejando paso a esa otra luz que es la del ocaso. La del agradecimiento. La luz del día vivido y la tarea hecha, la luz de los encuentros. La luz que invita a encaminarse en busca de otra Luz. Quédate con nosotros, la tarde va cayendo, la mesa está servida, caliente el pan, envejecido el vino. Vamos a celebrar la Eucaristía.

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