A vueltas con el 15-M


El 17 de octubre de 2011, en el muro de Facebook, puse la siguiente nota:

Hay en las entradas anteriores en el muro dos que recomiendo leer con detenimiento: una la entrevista a Bauman, publicada en El País, en la que habla del 15-M como un movimiento emocional, http://politica.elpais.com/politica/2011/10/17/actualidad/1318808156_278372.html y dice que le falta pensamiento.

Yo creo que lleva razón: es más corazón que cabeza, todavía. Y empieza a hacer falta cabeza. Por otra parte un artículo de Ignacio Calleja en Religión Digital, http://www.periodistadigital.com/religion/espana/2011/10/16/15-o-no-hay-salida-espiritual-en-estructuras-sociales-pecado-iglesia-religion-papa.shtml#.Tpx6pF6LdM8.facebook acerca de la necesidad de existencia de un movimiento social que puede ser éste como una necesidad moral y política de la sociedad democrática. Dejo a un lado las boutades de Aznar, calificando el 15-M como algo de extrema izquierda, marginal y antisistema. En lo de antisistema es en lo único que acierta, pero creo que es casualidad y siempre que entienda que es este sistema el que es antipersonas. En todo caso, creo que es necesaria una reflexión profunda, y serena, acerca de cómo hay que encauzar esos sentimientos, y cómo llenar de pensamiento político realizable cuanto se propone desde el 15-M. Otro elemento de juicio, para el discernimiento, lo plantea mi amigo Luis Espina en su blog: http://trasmividriera.blogspot.com/2011/10/tras-mi-vidriera-un-comentario-inicial.html. Así que ya está planteado el debate.

Hace pocos días, volví a hacer referencia de pasada a esta cuestión, al hilo de otro tema en una entrada anterior del blog. Y hoy me envía Oscar Mateos una separata de un artículo publicada en la revista Corintios XIII, de Cáritas, en la que plantea junto a lo que podemos aprender de los nuevos movimientos sociales, los riesgos que los mismos tienen. Creo que este debate sigue estando abierto, que no podemos acercarnos acríticamene a los nuevos movimientos sociales ni para bendecirlos ni para condenarlos. Creo que sigue siendo necesaria una tarea de discernimiento, y éste comunitario.

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