Re-crearse, Des-cansar.

Mis objetivos de vacaciones son cada año los mismos: recrearme y descansar. Y se intensifica ese deseo cuanto más se acerca la fecha de comienzo de ese periodo liberado de actividades, responsabilidades, ocupaciones y preocupaciones. La primera parte de las vacaciones no difiere mucho -en cuanto a horarios- de los habituales, pero tiene otro ritmo de oración, de serenidad, de calma y alma; ritmo de encuentro con los amigos y charla pausada, ritmo de estudio y convivencia. Los teléfonos, ordenadores, tabletas y demás utensilios diabólicos, reciben su dosis de descanso también. La música empieza a ocupar terrenos como el agua que se derrama hasta rellenar todos los espacios de un recipiente.

Se comienza por descansar: por despojarse de aquello cuyo peso sobrellevado todo el año termina por cansar, por consumir energías. Es necesario desembarazarse de prisas y agobios, resituar los elementos vitales, asentar fundamentos. Es tiempo de reencuentro conmigo mismo, al que a veces dejo un tanto abandonado durante el año. Es tiempo de descanso de este cuerpo mío, que se queja un tanto de la vida que le doy.

La desconexión, el silencio, la distancia, ayuda inestimablemente al descanso necesario. Hay que echar fuera "okupas" del alma, y hacer sitio a su dueño:
Mas ¿cómo perseveras,/ ¡oh vida!, no viviendo donde vives/ y haciendo porque mueras/ las flechas que recibes/ de lo que del Amado en ti concibes? Cántico Espiritual, 8. San Juan de la Cruz.
La segunda parte tiene otro tono más vital, pero igual de sosegado. La limpieza está hecha, hay espacio, hay cuidado y atención a todo lo por venir, a cada momento y cada día. Descansados, hay que recrearse. Es abrir ventanas, airear cuartos, pintar el alma y recolocar los muebles, y aprovisionarse para la vuelta. Es tiempo de música y naturaleza, de encuentros y charlas, de lecturas aparcadas, pero, sobre todo, es tiempo de sentidos y del alma: ver, oír, tocar, oler, gustar, y dejarse llenar por la inabarcable hermosura de lo que cotidianamente está ahí, pero no he sido capaz de ver: es tiempo de gratuidad y de belleza.

Mi Amado las montañas
los valles solitarios nemorosos
las ínsulas extrañas
los ríos sonorosos
el silbo de los aires amorosos

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora
la música callada
la soledad sonora
la cena que recrea y enamora  (Cántico Esp. 14-15)

Ya falta menos...





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