Refugiado climático
Huyo del calor. Siempre he procurado hacerlo porque no me viene bien a mi salud, y por eso, cada vez que tengo ocasión vuelvo a mis raíces maternas, buscando el fresco que alivia las jornadas veraniegas (es difícil hacerlo en otras épocas): umbríos bosques húmedos del norte, en los que no hay que sudar, salvo que hagas un ejercicio desmesurado, y ni así, a veces. Por otra parte, por las raíces paternas, estoy acostumbrado a pasar olas de calor peores que las de estos días; de esas que duran semanas interminables y, sobre todo, de las que traen noches de insomnio tan continuas que el agotamiento se convierte en un ritmo prolongado de vida. Le temo a los días de vacaciones que haya de volver a bajar a Sevilla, le temo a estas tardes de calor y sudor donde nada fructifica, solo esperando la noche en que poder respirar; días de esconderse y refugiarse. Me asombro estos días descubriendo que, más al norte, estamos peor que al sur. Más calor. Insoportable en cualquier parte. Y...