Querida vecina: en este día más que primaveral, en medio del invierno, como bien recoge nuestro amigo Forges , y haciendo uso del catarro que la viñeta trae asociado inevitablemente y yo sufro, tengo que continuar la charla mensafónica interrumpida por las horas esdrújulas, como dice Manolo, para trasladarte en mi calidad de abuelo algunas reflexiones para tu buen gobierno, ya que la inexperiencia de tu mocedad puede hacerte caer en errores vitales que, consejos buenos, te pueden evitar. Ya ves, licencias que uno se puede permitir por aquello de la edad. Espero que los recibirás como un regalo, pues con ese ánimo van, y que sabrás atesorarlos para que cuando, transcurrido el tiempo, llegues a mis años, puedas sentir que los has vivido con provecho, y sobre todo que quieres vivir aún más. Como verás, hacemos caso, y los mayores cuidamos de los pequeños. El primero es que aprendas de ellos; de tus mayores. Aprender no es copiar. Porque algunas cosas mejor no repetirlas. Aprender es llen...
Si huelga es dejar de trabajar, ¿cómo ejercer ese derecho cuando ya se está jubilado? Los de mi generación recibimos un mundo laboral que arrancaba del fanal de la posguerra y se elevó con el desarrollismo, pero ahora lo devolvemos a hijos y nietos en caída libre. Como se deshace el azúcar en el café, así estamos viendo desparecer los derechos adquiridos. El poder económico es cada vez más poderoso y cada vez más insaciable.
ResponderEliminarNo solo se puede ejercer la solidaridad dejando de trabajar o yendo a una manifestación, sino apoyando, sosteniendo, rezando, ayudando a otros a comprender las razones, explicando los motivos, invitando a la reflexión compartida, dejando de consumir, de utilizar servicios o transportes... hay muchas maneras, cada cual ha de buscar la suya, siempre en libertad.
ResponderEliminarAlgunas de estas cosas, Fernando, ya las hago, pero siento impotencia e indefensión. La progresión no podía ser infinita, porque además hace falta que toda la humanidad coja el mismo paso, pero esta regresión tampoco favorece a los rezagados del tercer mundo, sino a la minoría dominante y apátrida cuyo dios es el dinero.
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