Querida vecina: en este día más que primaveral, en medio del invierno, como bien recoge nuestro amigo Forges , y haciendo uso del catarro que la viñeta trae asociado inevitablemente y yo sufro, tengo que continuar la charla mensafónica interrumpida por las horas esdrújulas, como dice Manolo, para trasladarte en mi calidad de abuelo algunas reflexiones para tu buen gobierno, ya que la inexperiencia de tu mocedad puede hacerte caer en errores vitales que, consejos buenos, te pueden evitar. Ya ves, licencias que uno se puede permitir por aquello de la edad. Espero que los recibirás como un regalo, pues con ese ánimo van, y que sabrás atesorarlos para que cuando, transcurrido el tiempo, llegues a mis años, puedas sentir que los has vivido con provecho, y sobre todo que quieres vivir aún más. Como verás, hacemos caso, y los mayores cuidamos de los pequeños. El primero es que aprendas de ellos; de tus mayores. Aprender no es copiar. Porque algunas cosas mejor no repetirlas. Aprender es llen...
Un libro es siempre un misterio por descubrir, una aventura que no requiere desplazamientos y ensancha el conocimiento.
ResponderEliminarPreciosa historia por todo lo que lleva implícito de cultura, compartir y disfrutar historias... pero lo que más me ha gustado es la expresión que has utilizado: volar la vida. Porque en realidad, eso es lo que conlleva vivir y la literatura nos ayuda en esa maravillosa aventura. Gracias.
ResponderEliminarCada vez que abro un libro, me sumerjo en un mundo del que no me gustaría salir. Con cada una de las historias, no sólo apareces en otros lugares, otros tiempos, otras culturas, sino que entras a formar parte de la vida de su autor. No debe ser fácil escribir un libro ni tampoco llegar a tocar las almas de los que lo leen, cuando eso se consigue, la simbiosis con el autor está hecha.
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