Querida vecina: en este día más que primaveral, en medio del invierno, como bien recoge nuestro amigo Forges , y haciendo uso del catarro que la viñeta trae asociado inevitablemente y yo sufro, tengo que continuar la charla mensafónica interrumpida por las horas esdrújulas, como dice Manolo, para trasladarte en mi calidad de abuelo algunas reflexiones para tu buen gobierno, ya que la inexperiencia de tu mocedad puede hacerte caer en errores vitales que, consejos buenos, te pueden evitar. Ya ves, licencias que uno se puede permitir por aquello de la edad. Espero que los recibirás como un regalo, pues con ese ánimo van, y que sabrás atesorarlos para que cuando, transcurrido el tiempo, llegues a mis años, puedas sentir que los has vivido con provecho, y sobre todo que quieres vivir aún más. Como verás, hacemos caso, y los mayores cuidamos de los pequeños. El primero es que aprendas de ellos; de tus mayores. Aprender no es copiar. Porque algunas cosas mejor no repetirlas. Aprender es llen...
la letra;
ResponderEliminarMuchacha ojos de papel, adonde vas?
quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies, no corras mas,
quédate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito, entre mi manos,
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón, no corras mas,
tu tiempo es hoy...
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color. (bis)
Muchacha voz de gorrión, adonde vas?
quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel, no corras mas,
quédate hasta el día.
Duerme un poco y yo, entre tanto, construiré
un castillo con tu vientre,
hasta que el sol, muchacha, te haga reír,
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color. (bis).
La letra es preciosa, aunque no soy mucho de cantautores...
ResponderEliminarNo te quejarás... Hoy he sido la primera...
Que tengas un lindo día. Mil besos
La letra es mejor que el resultado final de la canción. Bueno, es una opinión, no algo categórico; creo que a esta letra se le podría haber sacado mejor partido.
ResponderEliminarMe quedo con algunos de los besos de Mª Carmen, ¿para qué quieres tantos, Fernando?
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