Así: te necesito de carne y hueso. Te atisba el alma en el ciclón de estrellas, tumulto y sinfonía de los cielos; y, a zaga del arcano de la vida, perfora el caos y sojuzga el tiempo, y da contigo, Padre de las causas, Motor primero. Más el frío conturba en los abismos, y en los días de Dios amaga el vértigo. ¡Y un fuego vivo necesita el alma y un asidero! Hombre quisiste hacerme, no desnuda inmaterialidad de pensamiento. Soy una encarnación diminutiva; el arte, resplandor que toma cuerpo: la palabra es la carne de la idea: ¡Encarnación es todo el universo! ¡Y el que puso esta ley en nuestra nada hizo carne su verbo! Así: tangible, humano, fraterno. Ungir tus pies, que buscan mi camino, sentir tus manos en mis ojos ciegos, hundirme, como Juan, en tu regazo, y, -Judas sin traición- darte mi beso. Carne soy, y de carne te quiero. ¡Caridad que viniste a mi indigencia, qué bien sabes hablar en mi dialecto! Así, sufriente, corporal, amigo, ¡Cómo te entiend...
la letra;
ResponderEliminarMuchacha ojos de papel, adonde vas?
quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies, no corras mas,
quédate hasta el alba.
Sueña un sueño despacito, entre mi manos,
hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón, no corras mas,
tu tiempo es hoy...
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color. (bis)
Muchacha voz de gorrión, adonde vas?
quédate hasta el día.
Muchacha pechos de miel, no corras mas,
quédate hasta el día.
Duerme un poco y yo, entre tanto, construiré
un castillo con tu vientre,
hasta que el sol, muchacha, te haga reír,
hasta llorar, hasta llorar.
Y no hables mas, muchacha corazón de tiza,
cuando todo duerma te robare un color. (bis).
La letra es preciosa, aunque no soy mucho de cantautores...
ResponderEliminarNo te quejarás... Hoy he sido la primera...
Que tengas un lindo día. Mil besos
La letra es mejor que el resultado final de la canción. Bueno, es una opinión, no algo categórico; creo que a esta letra se le podría haber sacado mejor partido.
ResponderEliminarMe quedo con algunos de los besos de Mª Carmen, ¿para qué quieres tantos, Fernando?
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