Digo yo que si la Eucaristía es mesa fraterna que nos hermana, que nos hace a todos discípulos sin distinción, convocados por un mismo y solo Señor, que anticipa el Reino por cumplirse, que reconcilia y acoge; si es don gratuito del mismo Dios comunión que nos convoca a la comunión, si es gesto de entrega y servicio, si es don de vida, a qué esas homilías que comienzan desgranando con humanos criterios la lista de autoridades civiles, militares y eclesiásticas presentes para que se sepa que están allí, para ser reconocidos en su dignidad del "mundo". ¿A qué? ¿Qué tiene que ver con la Eucaristía y el Evangelio la prelación de honores. ¡Cuantas tonterías terminamos haciendo cuando se olvida lo esencial ! Y, al final, qué poco tiene que ver con la Eucaristía, ese teatro del mundo. Si hay alguien con dignidad suficiente para ser llevado al primer lugar del banquete, y lo recuerda el Evangelio, son los pobres, no los poderosos, ni los políticos, ni los importantes... Si alguien ne...